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Por Gabriel Alejandro López

 

Once contra once… y Ghiggia quema el libreto

Casi llegaban a 200.000 los seres humanos, en su totalidad brasileños, los que se movían en las tribunas buscando tener un Carnaval fuera de temporada. Ganar la Copa del Mundo era la obsesión y algunos la daban como cosa hecha, aquel día inolvidable, el 16 de julio de 1950. Todos pensaban eso, menos el equipo de fútbol que tenía el Uruguay. No fue final, este cotejo era el último que definía la Etapa Final. Con el empate ya le alcanzaba al dueño de casa, que salió al “Maracaná” vistiendo su atuendo amarillo (esta vez pantaloncitos y medias blancas). España y Suecia ya habían completado sus juegos y no les daba el número… Brasil empezó a festejar fuerte a los 2 minutos de la segunda etapa por el gol de Friaca. Lo hizo gritar al punto que ayudó a los O Celestes a animarse a salir, perdidos por perdidos, como dice el refranero, con los gritos de Obdulio Varela que jamás se escuchaban, con la calma de Máspoli bajo los maderos, y aquel “Pepe” Schiaffino (Juan Alberto Schiaffino Villano) que le daba el empate cuando quedaban 25 minutos. Está claro que a esto que inventaron los británicos se juega “once contra once” salvo algún expulsado y/o lesionado (aún no se autorizaban los relevos, salvo el del arquero). Y desde aquella jornada los 174.000 “torcedores” comprobaron en su propia piel que es así. Que en fútbol pueden darse pronósticos de los más inciertos. Y fue así desde que “El Ñato” Gigghia (Alcides Edgardo Ghiggia Pereyra) estampó el segundo y enmudeció al planeta condensado en ese sitio célebre. La Copa viajó a otro país.

Fue el “Maracanazo”

La Copa Jules Rimet tenía toda la gracia y el resplandor dorado como el juego brasileño, para que su forma quedaba pintada en manos brasileñas, o sea, “en casa”. Era el equipo perfecto para el degustador del fútbol (aunque aún no había debutado Pelé), venía de veinte goles en cuatro partidos: 8 a 0 a Bolivia, a México 4 a 0, a Suecia 7 a 1 y a España 6 a 1. Y al match final llegaba con un punto de ventaja sobre el “paisito” vecino. Pero, como ya se sabe, en trece minutos se torció la historia. Por entonces no tenía importancia el DT, apenas había un libro de un “master” en el rubro naciente), y tal vez por eso se condenó al arquero Barbosa, al que trataron por poco de analfabeto. Ni en las tribunas mundialistas se solía hacer la “ola”, pero los ciudadanos de la República Federativa do Brasil por varios días ni el “hola” pudieron decir… El disgusto fue tanto que Ary Barroso, el compositor de célebres canciones como “Bahía” o “Acuarela do Brasil”, que por entonces fue relator, cerró el micrófono con una decisión que cumpliría: nunca más transmitió un partido. El autor de la conquista que valió el primer puesto, declararía con el tiempo que ese domingo, a sus 23 años, había silenciado el Maracaná, cosa que solo pudieron hacer “el Papa, Frank Sinatra y yo”. El resultado 1-2 quedó entre los mayores logros de un combinado visitante. En el “filme” de esa Copa se vio otra imagen fuerte: Estados Unidos venció a los “maestros” de Inglaterra por la mínima. Brasil volvería a tener otro desencanto en su propia tierra, cuando en 2014 organizó por segunda vez un Mundial. Esta vez, Alemania fue el verdugo, que eliminó a la verdeamarelha en Semifinales con un 7 a 1 a toda orquesta, en el estadio Mineirao (recién en el minuto 90 el jugador Oscar decoró con un gol). Este suceso pasó a llamarse el “Mineirazo”, en una analogía entre la final de Río de Jaineiro allá lejos en el tiempo y ésta que sucedió 64 años más tarde. Lo cierto es que el “fuchibol” había vuelto a crear interés luego de una docena de temporadas en que estuvo cerrado por luto (la Primera Gran Guerra arrasó y una vez que pasó lo peor en 1946 el Comité de la FIFA se reunió para considerar la vuelta al gioco después de Italia ’38). Se anotaron 34 paíse para Eliminatorias hasta quedar 29 : muchos renunciaron, como Ecuador, Colombia, Perú y la Argentina, que desistió de competir por influencias directas del Gobierno. El estadio de la finalísima se estrenaba. Curiosamente, en ese preciso momento se estaba finalizando el de Racing de Avellaneda.

A setenta años

La parafernalia tecnológica sigue inventando, creando asombro, justeza, a pesar de que las gambetas y los pases ya no son tan bellos ni mucho menos precisos dentro de un campo de juego. Al cumplirse 70 años de aquel heroico triunfo uruguayo, salió a la luz un informe de un científico, el ingeniero Pablo Sartor. De acuerdo a su creación, que es una suerte de “máquina temporizada”, sacó el porcentaje de actividad de cada jugador, posesión de la pelota de los equipos (“fue el clásico de 60% - 40%, lo que indica que Brasil tuvo un poco más la pelota pero no exageradamente”). “Yo crecí escuchando que ese partido había sido un infierno para Uruguay –opina Sartor- y que al llegar “los goles en el segundo tiempo volvió todo más intenso, pero la dinámica del partido cayó, un 18% para Brasil y un 11% para Uruguay, entendiendo esto por la rotación de la pelota entre distintos jugadores, ya que en el primer tiempo hay más juego asociado y toque”. Otro dato “colado” en su sistema nos viene a decir que el arquero Roque Gastón Máspoli tuvo en los últimos 11 minutos “menos trabajo en ese lapso que en los primeros 45 minutos”. ¿Quién es Sartor, a qué se dedica? Es profesor de la Escuela de Negocios de Montevideo que, en la comodidad de su despacho, tomándose unos ricos mates, quería “abstraerse” del contexto de un Maracaná que los quería devorar crudos… Pero fue al revés. “Y quiero hacer justicia con esos futbolistas en el sentido de que a nosotros nos gusta repetir que eso fue una hazaña, que ese día lograron algo imposible y si uno repite eso lo único que está diciendo es que no estábamos a la altura del rival y que ese día con garra y fortuna lograron algo impensado”.

Entre los 50 mejores partidos

La enciclopedia del fútbol está siempre abierta a la maravilla de los devotos de este deporte que lo toman como una religión. En un informe escrito por el periodista Julio Maldonado (“Maldini”, del diario español Marca) sentencia que la final de 1950 puede que sea la final más famosa de las 21 disputadas desde 1930.

Entre otros cotejos resonantes se cuentan: Benfica de Portugal 3 Barcelona 2 (final de la Copa de Europa 1961). 

LA SINTESIS Brasil (1): Barbosa; Augusto, Juvenal, Bigode, Bauer, Danilo, Zizinho, Jair, Friaca, Ademir y Chico. Uruguay (2): Maspoli; Matías González, Eusebio Tejera, Schubert Gambetta. Obdulio Varela, Víctor Rodríguez Andrade, Ghiggia, Julio Pérez, Oscar Minguez, Schiaffino y Ruben Moran. Goles: 47m. Friaca (B), 66m Schiaffino (U),

Por Gabriel Alejandro López

Periodista deportivo - @cololopez74

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