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Hay películas que no se pueden ver, y hay otra en las que solo los protagonistas son invisibles. Repasemos la forma en que puede hacerse invisible una persona en el cine y en la realidad, siempre gracias a aporte de la ciencia.

por Diego Manuel Ruiz

Los avances científicos siempre fueron de la mano del crecimiento de las artes; Ya en el siglo XIX fueron las novelas que iniciaron la ciencia ficción (con Jules Verne y H.G. Wells a la cabeza) y más o menos para la misma época, un poquito antes de comenzar el siglo XX se sumó la gran novedad del Cine. Sin ir más lejos el propio Cine se lo debemos a los avances científicos de entonces.

Dentro de los grandes productos del séptimo arte, formando parte de una inmenso universo de historias y personajes, están las películas de los hombres que no pueden verse, las de hombres invisibles. Se trata de un concepto en sí mismo resulta tentador para el relato de una historia: Después de todo ¿Quién no imaginó alguna vez aprovechar las ventajas de no ser visto? Pero para que la historia "garpe", o sea para que podamos creer en la factibilidad de dicha situación dentro de la trama, se recurre básicamente a dos alternativas: recurrir a la magia para explicar el fenómeno, como por ejemplo el manto de invisibilidad que hereda Harry Potter de su padre, o se puede apelar a la ciencia. Porque, después de todo, una excusa científica en el guión muchas veces hace bastante más creíble la situación. ¿Pero cómo es que logran convencernos los hombres invisibles en el cine?

Uno de los primeros casos lo tenemos en la película El Hombre Invisible (The Invisible Man) de 1933 de James Whale, basada en el clásico relato de H. G. Wells. Aquí el protagonista, interpretado por Claude Rains, logra la invisibilidad gracias a un suero que el mismo creó. Todo un éxito, aunque como contraindicación va volviéndose cada vez más peligroso. El éxito y la fama de este film no solo radican en la solidez de la historia y el actor, sino también en el inmenso avance en los efectos especiales, realizados en general con efectos prácticos y ópticos. La escena en la que van avanzando las huellas en la nieve apareciendo de la nada aterrorizó a los niños de ese entonces.

La novela El Hombre Invisible fue la que inició el furor por estos personajes que no logramos ver

A partir de allí la técnica para "mostrar" al hombre invisible fue prácticamente la misma que se utilizó durante décadas, hasta la llegada de la técnica de la pantalla verde a mediados de los ochenta. Un gran ejemplo en cuanto efectos en este sentido es una floja comedia del multifacético director John Carpenter, Memorias de un Hombre Invisible (Memoirs of an Invisible Man, 1992), con Chevy Chase en el protagónico, donde un accidente con una máquina que maneja campos de fuerza (vaya a saberse cuáles) vuelve a invisible a un gil que nada tiene que ver con la ciencia. Eso sí, termina ganándose a la bella protagonista Daryl Hannah.

La llegada de los efectos generados por computadora (CGI) llegan con la (mucho mejor) película El Hombre sin Sombra (Hollow Man, 2000), dirigida por Paul Verhoeven. En este relato el personaje de Kevin Bacon logra crear un suero gracias a la ayuda de la biología molecular, con similares efectos secundarios a los de la película de 1933. Tan exitoso resultó este film que tuvo una secuela en 2006, estelarizada por Christian Slater. También con la misma técnica se mostró al regreso del personaje original de H.G. Wells en la interesante La Liga Extraordinaria (The League of Extraordinary Gentlemen, 2003), dirigida por Stephen Norrington, basada en los cómics de Alan Moore.

Los casos de invisibilidad cinematográfica más actuales incluyen animación mediante CGI de última generación, como por ejemplo en las interpretaciones de Susan Storm, la mujer invisible de Los 4 Fantásticos (Jessica Alba en 2005 y 2007, y Kate Mara en 2015), o la pequeña pero genial participación del personaje invisible en Monstruos Vs Aliens (Monsters vs. Aliens, 2009) dirigida por Rob Letterman y Conrad Vernon. En el primer caso la causa de la invisibilidad es la exposición a la radiación cósmica o energía interdimensional (dependiendo de cuál versión de la historia se trate), mientras que en la película de monstruos animados de la compañía Dreamworks las causas del efecto se desconocen.

En el ámbito del séptimo arte, también podemos hablar de los casos en que las películas son "in-visibles", es decir, aquellas que son imposibles de ver por lo malas o aburridas, trátense o nó de seres que no pueden ser vistos.

Bueno, como podemos ver que hay muchas técnicas para "mostrar" un hombre invisible en la pantalla; pero es válido que nos preguntemos ¿cuán lejos está la ciencia de lograrlo? ¿Es posible hacer algo invisible en nuestra realidad?

En primer lugar existen algunos trucos con espejos o cámaras que hacen "desaparecer" a una persona o un objeto pero que son propios del ilusionismo, pues no lo hacen desaparecen realmente, sino que solo nos genera la sensación de que el efecto ocurre en la realidad. Un caso similar es el efecto del mimetismo en el que una persona u objeto se mimetiza tanto con el ambiente que deja de reconocerse, aunque tampoco desaparece de la vista.

Pero en el campo estrictamente científico de la verdadera invisibilidad, en la actualidad se está comenzando a trabajar con algunos materiales que al recubrir un objeto, permiten que la luz los atraviese, de manera que pueda percibirse lo que hay debajo de éstos. El resultado efectivo es que el objeto en sí mismo no se vé. Se han realizado experimentos con éxito en 2006 en la Universidad de Duke, California, utilizando estos metamateriales (sí, así es como se los llama), solo que a escalas de dimensiones muy pequeñas (tan pequeñas que no pueden percibirse a simple vista, por lo que para nosotros que lo vemos desde el llano ya eran invisibles desde el principio).

Estos metamateriales, poseen características ópticas poco usuales en la naturaleza. Su diseño se basa en la inserción en una substancia de implantes que crucen que las ondas que componen la luz visible se curve de formas poco usuales. En general están fabricados con plásticos que contienen como cobre, plata, u otros metales organizados en forma de de patrones que se repiten como en una serie de baldosas. Otra forma de crear este tipo de tecnologías es mediente una técnica llamada fotolitografía que aprovecha la nanotecnología de materiales.

Algunos especialistas estiman que no falta demasiado tiempo para lograr fabricar una fibra capaz de desviar la luz visible alrededor de una persona. A fin de cuentas resulta que la realidad y la ciencia están más cerca de lo pensado del mágico manto de Harry Potter...

 

 

*Diego Manuel Ruiz
Docente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales (UNLP)
Investigador de Centro de Investigación en Sanidad Vegetal (CISaV)
Editor General de la Revista de la Facultad de Agronomía
Co-editor de la Revista Investigación Joven
Divulgador científico.