Con varios trabajos creativos a cuestas, la fotógrafa argentina Marina Losada, invita en su fotografía a trascender los límites de lo evidente y pensar la imagen como un lugar de encuentro con uno mismo, desde lo individual y lo colectivo.

 La mañana. Marina Losada 

Por Ro Tierno

Algo que subyace en todos los trabajos de Marina Losada, fotógrafa argentina radicada en La Plata, es un concepto asociado no solo al paisaje y a la relación naturaleza-humano, sino también a los límites, a los bordes, al contraste si se quiere, de lo que esa relación acarrea. Como una acróbata sobre la línea de la cuerda, Marina observa el contexto, el espacio, y avanza desde una perspectiva crítica hacia imágenes que, como ella expresó, "no tienen un concepto desarrollado previamente. La imagen emerge para mí del contexto, recorto, veo, me contacto con ese rectangulito y entonces es la que dispara, como cuando pellizcas una tela y se levanta toda la tela... una serie de conceptos adentro mío que se vienen desarrollando se unen y algo sucede".

Hay una búsqueda, una intención, de desnudar los límites no sólo del espacio, sino también de lo íntimo, de lo que emana del interior. En Aguas bajan, lo que podría haber sido un registro documental de lo que estaba sucediendo el 1° de abril de 2013 en la ciudad de La Plata, se convirtió en un trabajo de corte surrealista que emergió desde la experiencia personal de estar sufriendo la inundación en su casa, bajo un estado de adrenalina y afanoso instinto que la llevó agarrar la cámara y disparar sin precisión. Las imágenes impactan en principio por la emoción compartida de cualquier ciudadana platense, y también por la expresión onírica, como el recuerdo de una noche que quedará grabada para siempre en el inconsciente colectivo platense.

"Soy bastante reflexiva con lo simbólico en la vida. El agua, aunque haga este desastre que hizo, lava, barre, limpia, desnuda. Para mí desnudó y quedó a la vista la naturaleza propia de la gente, si eras un hijo de puta oculto quedaste en evidencia, yo me vi a mi misma tratando de impedir lo imposible, es mi naturaleza. Pero también pude ver la maravillosa capacidad de colaboración que tuvimos, fue maravilloso ver toda la ciudad movilizada en post de eso. Nos barrió la tela araña que se nos pone en los ojos con las pavadas cotidianas y salimos hacer lo importante."

Aguas bajan fue uno de sus trabajos más expuestos en la ciudad, y el más corto en cuanto a proceso creativo personal. En general, sus ensayos fotográficos germinan como los tiempos de la naturaleza, pausados, tranquilos, con raíces que se van expandiendo y haciendo fuertes hacia adentro y hacia afuera. La mañana, por ejemplo, es un trabajo que llevó algo más de un año (2014/2015) y se realizó entre Argentina y Francia. Quizá sea uno de los ensayos que más encarna la ausencia/presencia de la corporalidad humana que trabaja Marina. En este sentido explica que lo que persigue "son las huellas de la presencia humana en el paisaje. En el paisaje urbano es fácil de identificar, pero las huellas en el paisaje natural están ahí desde la evolución del ser humano, de hecho, es lo primero que cargamos de símbolo, de texto, signos que cargamos de significación, el paisaje nos ha moldeado, tanto el natural como el urbano. En una imagen de un paisaje natural también hay un humano, en las fotos de La mañana, si te entregás unos minutos a la obra, rápidamente te das cuenta que vos estás ahí, y que yo estoy ahí". Tiene que ver quizá, con algo que escribió la historiadora de arte Andrea Giunta en su libro Escribir las imágenes: "La imagen es solo ella, silenciosa; el diálogo es, en todo caso, entre ella y nuestras propias experiencias".

Lo que invita a reflexionar Losada en este trabajo son los ciclos desde una perspectiva integral, cómo aquello que se va, la oscuridad, deviene en luz, y viceversa, asociado a un concepto taoísta de la sexualidad. "En esas imágenes hay para mí una conciencia de lo cíclico que pasa todo el tiempo en la naturaleza, pero pasa todo el tiempo en nosotros. Es un ciclo constante, una seducción, no de una sexualidad genital como la entendemos acá en occidente, sino un intercambio vital entre una cosa y otra que genera una tercera cosa, asociada a la generación de la vida, a esto de si el sol no saliera todos los días para generar el día no existiría la noche cuando se va. El juego que hacen puede entenderse como un juego sensual de conquista entre uno y otro. Me acordé del Ying y el Yang, y vi esa parte también, esa referencia estética. Fue una época que tuve el cristal para mirar la realidad de ese modo", expresó.

Las fotos de los corazones

Así le llaman, entre amigos, a su trabajo El amor en el muro. Una producción que viene exponiendo desde 2012 en el país, y este año se expuso en la Galería Comptoirs Arlesiens de la ciudad de Arles, Francia. Aborda, sobre todo, las huellas de lo íntimo en el espacio público, y parte de una pregunta sencilla que se hizo mientras andaba en bicicleta y vio escrito en un muro "El amor garpa": ¿Qué es esto?

"Una de las cosas que más me motiva a hacer ensayos fotográficos son las preguntas y no las respuestas, busco responderme algo, pero sé que no voy a responderme nada, sigo teniendo las preguntas".

Como explicó la fotógrafa, estas fotos están tomadas bajo una estética plana alemana, con el espacio pensado en función de su propia experiencia, la de pararse frente al muro y mirar. Cuando creía por finalizado este trabajo, lo expuso en una varieté de amigos y allí, sin buscarlo, se encontró con uno de los autores de aquellos grafitis. No tardó en asociar este encuentro a un hecho causal y a una continuidad de la obra, y hoy el material está disponible a la venta por encargue, en un libro que confecciona de forma artesanal y que este año busca expandirse hacia una mayor tirada.

Pareciera haber una relación implícita en El amor en el muro, no solo es la huella en el espacio público, es además el amor invadiendo el muro, grabándose en él, como una forma simbólica de las paredes que hay que atravesar para relacionarnos. "¿Qué es el amor?", le pregunté, y me contestó esto mismo: "Los límites se desgranan, se desdibujan, puede ser entre los seres, entre un ser y la naturaleza, vos con una persona, con un sitio, con una obra, desdibujes tus límites. Eso se convierte un poco en vos, vos te convertís un poco en eso, y ahí sucede, entrega y aceptación de ambos lados".

Como suele suceder, no alcanzan los caracteres para contar todo lo que se quiere contar. Tapar el sol, es otro de sus ensayos que pueden ver en su web y que asimila, durante cuatro años, todo el proceso de transformación que vivió la ciudad de La Plata en cuanto a estética urbana, con la construcción imparable de edificios.

Tapar el sol. Marina Losada

"La fotografía es una herramienta súper poderosa, la usamos todo el tiempo para todo. Me gusta compararlo con la Facultad de Humanidades cuando era un mundo de carteles en campaña electoral, al final no leíamos nada. Me pasa con este uso de la imagen que estamos haciendo, hay mucho y al final no ves nada. Es difícil emerger de todo ese ruido para tener una vocecita más o menos clara y decir algo. Los que intentamos hacer de la imagen un uso conceptual seguimos teniendo bastante responsabilidad en ser claros en este ruido terrible, y un potencial enorme en la cámara, porque tiene vinculado el valor de fotografiar, el objeto, dar testimonio y existencia a algo como hecho estético. Es un desafío, mantenerse lo más fiel a uno mismo a pesar de que afuera haya ese ruido, seguir escuchando lo que hay adentro es la clave".

Conocé más de su trabajo en www.marinalosada.com.ar

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