Click. La Kodak trabaja. Toma registro, muchas veces a escondidas. Guarda. Intuye que porta en su seno el testimonio inobjetable que ayudará a contar una historia que hasta ahí se silencia. Lejos de congelar el momento, lo abriga de lucha, lo enciende, lo carga de significado.

Adelina Ethel Dematti se formó como docente en la Escuela Normal de su Chivilcoy natal y fue maestra y directora de jardín de infantes. Fue a la vez -por vocación pero sobre todo por imposición de la máxima tragedia argentina- 'la madre fotógrafa' de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, organización que la tuvo entre sus fundadoras, como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Es que de sus 88 años, que se apagaron el último mayo, fue forzada a vivir alrededor de 38 sin Carlos Esteban, uno de los dos hijos que tuvo con su marido Luis María Alaye. Con 21 años, el joven dirigente de la UES fue secuestrado el 5 de mayo de 1977 en Ensenada por personal 'civil', luego identificado como mano de obra de la Marina.

Por Walter Szulmilo

El giro inesperado que experimentó entonces su vida, la acercó a muchos otros sufrientes. Fue en esa comunión, desprovista de odio y henchida de esperanza, solidaridad y vocación de servicio, que reunió las más de mil doscientas fotos que conforman un archivo personal sobre la dictadura, reconocido por la UNESCO como Memoria del Mundo. En buena medida esas imágenes, que muestran rondas de las Madres, manifestaciones y encuentros de organizaciones vinculadas con la lucha por los Derechos Humanos, ayudaron a poner en foco miles de búsquedas, muchas de las cuales continúan.

Ese hacer permitió también echar luz sobre una aberrante práctica que en los años de plomo tuvo lugar en el Cementerio de La Plata, protagonizada por médicos de la morgue, que firmaban como NN los certificados de defunción de desaparecidos. El material quedó plasmado en el libro "La marca de la infamia. Asesinatos complicidad e inhumaciones en el cementerio de La Plata", presentado en 2014.

Extendido su accionar a la Comisión Provincial por la Memoria y la secretaría de Derechos Humanos de La Plata, Adelina será eterna ciudadana ilustre de Chivilcoy. También de la ciudad de las diagonales, que la albergó durante gran parte de su vida y en la que sumó el título de Doctora Honoris Causa, otorgado por la UNLP.

Sobre las imágenes apiladas -y entre los tesoros más ricos- queda hoy la suya, ícono de una lucha paciente para que el país diplomado en impunidad, aprenda algo acerca de verdad, memoria y justicia, animando la loca idea de saldar alguna vez tanta asignatura pendiente.



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