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¿Por qué empecé a escribir? Por pobreza, responde Carlos Gorostiza en una entrevista y sonríe. Dice que si hubiera nacido en una familia pudiente, tal vez hubiera sido pintor o pianista...pero como la situación no era tal con un lápiz y un papel ya tenía las herramientas necesarias. Cuenta que siempre tuvo un espíritu creativo, que siempre andaba detrás de ese algo, que todo artista busca. Que en el fondo, claro, es la búsqueda de la verdad que está adentro de él y quiere emerger.

por Eugenia Jambruia

A los catorce años, ya escribía poemas sobre la muerte, y sobre el amor. Siempre tenía algo para pensar, y algo para decir. Sus primeras incursiones en obras, fueron de títeres. Y siempre impulsado, por un pedido ajeno –según él-. Como ocurrió con su trabajo en la actuación, y hasta con la dramaturgia misma. Ahí estaba "Goro" siempre dispuesto a dar letra, es decir, a dar batalla a todo lo doliente, a los distintos pedazos de humanidad que lo circundaban. A pesar de que él mismo decía "Yo no soy realista, soy republicano" perteneció al exquisito realismo literario argentino, sirviendo de testimonio eterno para los lectores y espectadores de sus obras.

El hombre siempre inquieto, supo ser un chico triste y bastante solitario. Pero emergió en su arte, encontrando el cauce que lleva el río. Y fluyó como ninguno, con el brillo que dan la humildad y la franqueza.

El escritor y dramaturgo fue un exponente para el teatro argentino, fue parte del Movimiento de Teatro Abierto de Buenos Aires. Desde ese lugar, con sus pares, lucharon, y dijeron lo que tenían para decir. Eran artistas valientes y comprometidos. Y se enfrentaban a lo peor de nuestra historia, la última dictadura cívico militar de 1976.

En cada rol que ocupó, primero como actor, luego como director y dramaturgo y también como escritor se involucró activamente con lo que ocurría en la sociedad. El autor de "El puente" era un convencido, de que la realidad y el entorno, son el alimento para el escritor. La realidad duele, las diferencias duelen; decía calmo dando cuenta de su motor para el arte. Porque lo que éste hombre creía firmemente, era que allí dónde hay problemas sociales, "allí dónde la ética tambalea, aparece la estética". Es decir, eso es lo que nos queda como herramienta y arma para la lucha. A eso se aferra el artista, para dar cuenta de que la humanidad necesita hablar, necesita expresar todo eso que está pasando, y poder procesarlo –en el mejor de los casos- hacerlo carne para poder modificar, derrumbar, o quizá construir de nuevo. Desandar el camino andado, para poder mirar hacia adelante.

El hombre de sonrisa franca, se reconocía como escritor y poeta. Más allá de que ejerció la actuación, él no era un actor, no era esa su búsqueda, sino más bien fue el impulso para hacer teatro, para escribirlo y componer personajes. Esa era su verdad, la que tanto buscaba. El pasado 19 de julio, se fue, nos dejó con un sabor a infinito, ya que como bien decía, el hombre tiene instinto de conservación. Y para seguir viviendo el hombre tiene la imaginación. Y vaya, si ha dejado formas de imaginar, formas de entender y mostrar la vida.

El señor de palabra clara, publicó su primera novela: "Cuerpos Presentes" (1981), cuando fue prohibido en teatro por López Rega. Ahí fue que encontró el tiempo para escribir su novela. Después vinieron otras, "El Basural" (1988); "La buena gente" (2001); y "La Tierra inquieta" (2008). Nunca dejó de crear. Ese era su modo de existir.

Se va a extrañar su presencia, sus manos hacedoras, sus letras certeras. Pero en cada escenario que representen su obra, en cada párrafo, en cada verso suyo que sea leído y releído, tendremos la certeza de que la verdad absoluta no existe. Pero existe una verdad. Nos dejó la suya, para que sea eterna. Seguirá latiendo. Siempre.