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Su talento dibujó sonrisas. Hasta las píldoras amargas se convirtieron en sonrisas. Fue pasajero observador y ocurrente de la historia política argentina en seis largas décadas; en las últimas seis, en las que pasó apenas de todo. Landrú -Carlos Colombres- dibujó con trazos simples. Tuvo el don de la agudeza y el ingenio, sumado al de la capacidad para tender puentes hacia un público amplio, lo que lo hizo aliado de la popularidad.

por Walter Szulmilo

 

El peso de su figura en el campo del humor gráfico argentino deviene de la originalidad y el sello personal de su estilo, aliado de la ironía y el absurdo, prescindente de golpes bajos y groserías. También, sin lugar a dudas, de su producción prolífica, que entintó miles de páginas en diarios y revistas que marcaron época, como Don Fulgencio, Rico Tipo, Patoruzú, Primera Plana, Gente, Somos, Para Ti, El Gráfico, Somos, Satiricón, Clarín, La Nación, Ámbito Financiero. Y la lista sigue.

De una galería de entrañables personajes, probablemente su hija dilecta haya sido Tía Vicenta, inspirada en su tía Cora: aquella señora gorda que daría nombre a la fundante revista de humor social y político que, camino a transformarse en clásico, recibiera el premio Moors Cabot a la libertad de prensa, otorgado por la Universidad norteamericana de Columbia.

Fue Landrú, además, quien dibujó a Onganía como una morsa y pobló sus trabajos de aquellas 'ratitas', que se metieron en el corazón de los lectores.

Pero si de dibujo animal se trata, su famoso 'gato', nacido en los '40, es una acabada muestra de la conexión con su público. Según reveló alguna vez, el gato -como los pajaritos, las nubes o los perros que aparecían como parte del paisaje en sus viñetas- tenía como misión principal la de impedir que se trasluciera la página cuando el papel era de mala calidad.

Delgado, de sonrisa amplia y bigotes largos, el felino fue transformándose en algo así como un sello. Si pasaba tiempo sin aparecer, las cartas y los llamados interrogaban al artista por la ausencia. "El gato es casi mi firma. Si no lo pongo ahí me resulta como si yo hubiese ido a un baile de smoking y descalzo", confesó alguna vez.

Algunos sucintos datos biográficos: Nació en 1923 en Buenos Aires. Publicó su primer dibujo en 1945, en la revista Don Fulgencio de Lino Palacio. Se convirtió en dibujante profesional en 1947, cuando empezó a firmar con su seudónimo. En 1957, además de desempeñarse como primer libretista de Tato Bores, fundó "Tía Vicenta", que sostuvo durante mucho tiempo una tirada de 50 mil ejemplares. Pudo darle la mano a Walt Disney, recibir el prestigioso Premio Konex, y hasta reponerse de un disparo que en 1994 recibió en su mano derecha -la hábil, la del lápiz- mientras lo asaltaban en su casa. Fue designado miembro de la Academia Nacional de Periodismo y Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires.

Seguía creando -ya en los últimos años, sereno pero con el desgaste de quien merodea los noventa- cuando vio nacer la Fundación Landrú y fue testigo de la inauguración de la estatua de Tía Vicenta en el 'Paseo de la Historieta' porteño. Partió en calma el último julio, como quien se pone el saco y se despide, satisfecho por la labor cumplida antes de la hora de cierre.