Enmadejados en la estridencia de un mundo complejo, lo vemos meter la mano en un bolsillo del pantalón. Desdobla un papelito. De él lee. No recita un tratado sociológico. Habla de fuegos, abrazos, espejos y amores. Habla de lo que importa. Estira las vocales finales de su decir pausado y revalida con honores su papel de cronista del sentido común. Por un momento, hace que no parezca el menos común de los sentidos.

Por Walter Szumilo