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Situada frente a Plaza Rocha, a unos metros de la Facultad de Bellas Artes, es la institución encargada de coordinar el trabajo, la planificación y el archivo de todas las bibliotecas cooperantes pertenecientes a la Universidad Nacional de La Plata.

por Floriana Asentti

 

La historia de este espacio recorre la génesis de la ciudad, prácticamente desde su fundación. En 1887 se creó la Biblioteca Pública Provincial, destinada a reunir todo tipo de archivo bibliográfico que pudiese servir para futuras investigaciones. Allí llegaron a compilarse más de 40 mil volúmenes y un amplio material documental e histórico. La institución se encontraba ubicada en el primer piso del edificio perteneciente al Banco Hipotecario y durante sus primeros años de funcionamiento estuvo bajo la dirección del Dr. Francisco P. Moreno.

En 1905, a partir de un convenio entre el Gobierno Nacional y el Provincial, el espacio pasó a ser propiedad de la Nación, en el marco de la reciente fundación de la Universidad Nacional de La Plata. Recién en 1937, la Biblioteca se instaló de forma definitiva en su ubicación actual. Fue el primer edificio del país especialmente diseñado para una biblioteca. La idea era colocarlo por fuera de la estructura edilicia de la Universidad, para darle un carácter público y más cercano al total de la ciudadanía. En el proyecto original ya se contemplaba la creación de una sala para más de doscientos lectores, un área especial para niños y un sector para investigadores.

Lorena Miranda, Directora General del Área Técnico-Operativa de Servicios de la Biblioteca, asegura: "Hoy podemos decir que el rol de la Biblioteca ya no es únicamente la de proveedora de información, sino que hemos cumplido nuestro objetivo de ser un ámbito que invite a sus usuarios a entrar y permanecer, a lo que sumamos el objetivo también cumplido de estar presentes en el lugar en el que se encuentran nuestros usuarios: a través de las redes sociales como así también de nuestro catálogo en línea OPACs"

En este sentido, cabe remontarse al año 1998 cuando la Universidad aprobó el "Proyecto de Organización del Catálogo Centralizado Automatizado de Libros", en el cual se le otorgó a la Biblioteca Pública la coordinación central y la tarea de requerir la participación a las bibliotecas de las diferentes unidades académicas. A partir de ese momento, fue esta misma institución la que se ocupó de la planificación del sistema y de la asistencia técnica del mismo.

En el 2001 nació el "Portal Roble", un espacio virtual donde comenzaron a unificarse los catálogos online de las diferentes facultades. Esta plataforma permitió que cada institución pueda gestionar sus propios contenidos y, a su vez, facilitó el acceso de los usuarios. En primera instancia el sistema estuvo orientado a los bibliotecarios de la UNLP y, en menor medida, a los estudiantes. Pero después la consulta fue ampliándose al público en general. Actualmente el sistema de "Catálogos Colectivos de Libros, Revistas y Tesis" (OPACs) cuenta con un formato de búsqueda fácil y accesible, que permite localizar rápidamente todo tipo de documentos. Esta interacción aumentó la cantidad de consultas, como así también permitió reforzar el trabajo colectivo entre las diferentes bibliotecas.

Más allá del ámbito virtual y de digitalización, la Biblioteca también trabaja intensamente sobre el eje de la conservación. Con el paso del tiempo y debido a la incorporación de numerosas colecciones de gran valor histórico, se creó el Departamento de Salas-Museos que tiene a su cargo seis salas especiales donde se compilan volúmenes de Nicolás Avellaneda, Joaquín V. González, Alejandro Korn, entre otros. Este departamento también supervisa la Colección Cervantina (incorporada durante el ciclo de la Biblioteca Provincial), la Colección de Autógrafos europeos y americanos (pertenecientes a personajes como Domingo Faustino Sarmiento, Manuel Belgrano y Alfonsina Storni), y los manuscritos de Pedro. B. Palacios, más conocido como Almafuerte.

Miranda explica que en las Salas-Museo se llevan adelante tareas de conservación y restauración. "Una actividad muy importante en la Biblioteca es el Taller de encuadernación. Nosotros mismos encuadernamos nuestro material y nos encargamos de restaurarlo en caso de que el mismo lo requiera"
En línea con los objetivos de la Universidad, la Biblioteca también se ocupa de trabajar en la accesibilidad académica. Esto pone la mirada en el acompañamiento a los chicos con capacidades diferentes durante su tránsito por la Universidad. "Desde acá se producen textos para personas ciegas o disminuidas visuales, o también con alguna discapacidad motriz como puede ser dar vuelta una página, por ejemplo. Los textos se digitalizan y se entregan a los usuarios en el formato que ellos solicitan".

El edificio cuenta con una serie de espacios definidos y especializados. Uno de los más importantes es la hemeroteca. "Cuando viene gente de afuera me gusta preguntarles si saben lo que es una hemeroteca, porque no todo el mundo conoce su uso. En la hemeroteca se almacena, guarda, procesa y difunde la información de todas las publicaciones periódicas, que pueden ser diarios, revistas, etc." En dicho lugar hay un lector de microfilm, donde se archivan diarios que datan de finales del siglo XIX.

Otro lugar importante es la Sala Parlante, que puede usarse sin la necesidad de registrarse. "Con esto hicimos que la Biblioteca sea un punto de encuentro, no solo un espacio en el cual buscar información. Los chicos vienen en sus horas libres, a juntarse a estudiar con otros compañeros", explica Lorena. También hay un espacio dedicado a aquellos que buscan un lugar de concentración y lectura individual, que es la denominada Sala Silenciosa. Por otro lado, está la Sala Juvenil y la recientemente inaugurada Sala Infantil, donde hay gran cantidad de material literario para niños. Los mismos pueden tener su carnet de socio a partir de los tres años.

En definitiva, la Biblioteca Pública de la UNLP es un espacio abierto al público, que excede al ámbito académico y que más allá de la producción de conocimiento, promueve el encuentro y el disfrute. Por sus salas transitan estudiantes secundarios y universitarios, docentes, investigadores, como así también todo aquel con la intención de acercarse a consultar un diario, leer durante un rato o buscar información de su interés. La invitación, como siempre, está hecha.

 

Fotos: Roberto Borda