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Desde una no tan lejana playa del delta, Juan Bautista Duizeide (el navegante del espacio oceánico), nos respondió algunas preguntas acerca de este recientemente publicado vademécum de Spinetta. Docto en el asunto, sondea en su libro los diversos aspectos de la vida del "Flaco". Palabra autorizada.

por Gerónimo Sergnese 

 Juan Bautista, ¿cómo surge esta publicación?

JBD: -Durante poco más de un año estuve trabajando con la periodista Ana Cacopardo en la escritura de Historias Debidas, un libro basado en su programa televisivo de entrevistas. Algunos capítulos estaban dedicados a músicos: Liliana Herrero, Juan Tata Cedrón, Miguel Ángel Estrella. Al editor -Sergio Avasolo- le resultó interesante en esos capítulos el cruce entre música y literatura. Tenía pensado lanzar en una colección que emprendiera sistemáticamente esos cruces y me convocó. Así surgió La Balsa. Y si bien su nombre es un homenaje a los pioneros del rock nacional, no sólo se ocupa de rock, sino de músicas populares de distintas partes del mundo y sus relaciones con la literatura. Hasta ahora han aparecido Spinetta, el lector kamikaze y Patti Smith, poesía y distorsión, escrito por Rosi Bernas. Están en proceso de escritura otros volúmenes dedicados a Ricardo Soulé y el disco La Biblia de Vox Dei, Javier Martínez y Manal, Juan Tata Cedrón, Miguel Abuelo, Ramón Ayala, Ian Curtis.

¿Por qué "El Lector Kamikaze"?

JBD: -El título Lector kamikaze es un juego de palabras con el título de un disco y una canción de Spinetta. Alude a su condición de lector que no se limita a la delectación privada de aquello que lee. Cuando algo leído -sea Artaud, Jung, César Vallejo o un haiku- lo interpela, sale a la ruta con esa lectura, al camino. Spinetta es un lector quijotesco, en tal sentido, o un lector bovarysta. Si Alfonso Quijano lee historias de caballerías y se larga a ser él mismo un caballero andante, si Emma Bovary quiere vivir las vidas de las heroínas de las novelas sentimentales que lee, Spinetta quiere usar en sus canciones lo que lo ha conmovido en sus lecturas. Pero no es un mero divulgador. Lo suyo es más complejo: no hace canciones acerca de lo que leyó, sino canciones con lo que leyó. Además, lo de kamikaze pone en consideración el riesgo estético que caracteriza la vida y la obra entera de Spinetta. Jamás se quedó en una fórmula, jamás se estacionó demasiado tiempo en una formación, en un estilo. Pasó del mundo Beatle de Almendra al blues de Pescado, de allí a la sutileza de Invisible, de allí al jazz rock. Siempre así. Lo que otros podían considerar un suicidio artístico, en Spinetta era renovación permanente. Y si bien el pacifismo acérrimo es una constante en su ideario, la figura del kamikaze la abordó ambiguamente: con reprobación ("morir así es en vano", dice la canción), pero con admiración y también ternura por ese guerrero joven que encuentra sentido en morir por sus ideales. "Hacen falta más kamikazes en el arte", dijo Spinetta. Y en una de sus canciones pregunta: "¿Quién resistirá cuando el arte ataque?".

Si con el paso del tiempo "Spinetta" se convirtiera en un adjetivo que la gente usa para señalar algo, ¿qué significaría? ¿De qué creés sería sinónimo?

JBD: -Me parece que no alcanzaría una sola palabra para definir aquello que pudiera englobarse en el adjetivo "spinetteano". Libertad, búsqueda, riesgo, integridad artística, curiosidad, apertura serían para mí algunos de los significados a tener en cuenta.

¿Por eso sigue siendo novedad? ¿Qué creés que hace que personas de distintas generaciones se identifiquen con una misma música, como la de Luis Alberto?

JBD: -Vinculo esa permanente novedad de Spinetta -esa forma en que toca y conmueve a las generaciones más jóvenes, particularmente músicos y escritores- en su apuesta a la complejidad, a la pluralidad de significados. También seguramente en que nunca se situó en su propia época de manera superficial, cómoda, sino que buscó por detrás de sus manifestaciones más obvias, siempre estuvo en apariencia un tanto desfasado, a contrapelo. Quienes obedecieron más linealmente a su época, suelen quedar como documento de ella más que como un legado siempre abierto, a explorar, a apropiar.

Foto de Eduardo Martí

 

¿Cómo pensar la vida del "Flaco" sin endiosarlo ó caer en un fetiche, ¿cómo analizar su trabajo sin "mitologizarlo"?

JBD: -A mí particularmente me interesa poner en contexto la etapa de formación y surgimiento de un artista para comprender una serie de mecanismos, para no hacernos los tontos y confiar en la genética, que nos proveerá de genios así como la mano del libre mercado acomodará todo y seremos todos prósperos, felices y libres. No funciona así. Spinetta es un genio del rock. Sí. Pero pudo devenir Spinetta porque se formó en una Argentina con universidad pública, un mundo editorial que era el primero de habla castellana, un ambiente abierto a todas las influencias y a la vez con poderosas raíces, un sistema radial y discográfico que aún pese a sus intenciones comerciales dejaba importantes zonas a lo nuevo...

¿Cuál es la lectura que hacés en relación a lo que sucede con Luis Alberto y lo que fue su vinculación con la vida política?

JBD: -Spinetta no fue, como muchos consideran, un apolítico, un volado. En el libro se cuenta algo que no es tan conocido por el gran público pero no es ninguna novedad: su breve paso por JAEN, una agrupación nacionalista de izquierda, liderada por Rodolfo Galimberti, que luego confluiría en Montoneros. Más allá de esa incursión juvenil, Spinetta en general siguió los vaivenes de la clase media: apoyo (por lo general tibio) a la insurgencia de la nueva izquierda, apoyo al fugaz gobierno de Cámpora vivido como una genuina liberación (palabra cuyos sentidos Spinetta disputaba), alivio ante el golpe de Estado que podría "ordenar" la economía y "pacificar" el país, horror ante la revelación de lo hecho por el Proceso, apoyo a Alfonsin, anti menemismo, filo kirchnerismo. Pero siempre estuvo, aún con limitaciones y dilemas, a favor de los oprimidos, de los desposeídos, de los humillados. Y en su obra hay inmensas iluminaciones que se abren a sentidos políticos potentísimos, muchas veces en abierta oposición a lo que el Spinetta hombre pensaba y declaraba. Existe eso en Pescado Rabioso, en Tester de violencia, en La la la y en muchas composiciones. La poesía sabe, siempre, más que los poetas.

¿Qué otros proyectos literarios a futuro tenés, podés anticiparnos algo de ello?

JBD: -Antes de fin de año se publicará un ensayo mío, Escrito sobre el agua, acerca de las relaciones entre la literatura argentina y los espacios oceánicos. Saldrá en un libro que incluye también un ensayo de María Pía López, en una nueva colección, Desiertos, de la editorial Caterva. Y por editorial Malisia, de La Plata, saldrá el libro de cuentos Aire de río en invierno. Hay una posibilidad de que también se publique otro libro de cuentos: Noche cerrada, mar abierto. Mientras tanto, trabajo en otros dos libros que cruzan música y literatura -uno acerca del Tata Cedrón y otro de Javier Martínez-, y le doy los últimos toques a un libro de viajes por mar contado mediante haikus. Como decía un querido amigo "el Delta es mi método de trabajo".

Este pequeño segmento a continuación es para que nos hables de Spinetta, cites a alguien, nos relates una anécdota, para que nos cuentes alguna curiosidad, o similar. Adelante!

JBD: -Era diciembre de 1986. Yo venía escuchando con avidez y asombro, pero desde no hacía tanto tiempo, a Spinetta. En Obras se presentaba La la la, el disco junto a Fito Páez, que tenía entonces 23 años y parecía la promesa del rock. Con el petrolero de Y.P.F. en el que yo navegaba -el Capitán Constante- habíamos amarrado en los muelles de la destilería La Plata para cargar fuel oil que llevaríamos a las usinas termoeléctricas costeras de todo nuestro litoral oceánico. Era una rareza, ya que habitualmente cargábamos crudo en la Bahía San Sebastián, en el noreste de Tierra del Fuego, y lo llevábamos a Puerto Rosales, el puerto de hidrocarburos de Bahía Blanca. Esa anomalía, además de permitirnos a los tripulantes gozar de unas horas en Mar del Plata, Necochea, Puerto Deseado, Gallegos, a mí me daba la oportunidad de ver, ¡por primera vez!, a Spinetta. Y nada menos que en el templo del rock. Me hice un rato entre guardias para ir a comprar las entradas (en aquela época había que ir a buscarlas, no quedabas otra). Todos a bordo pensábamos que nuestro barco zarparía el lunes. Pero llegó una orden y el Capitán Constante zarpó el sábado a media tarde. Así que al momento en que Spinetta y Paéz entraban al escenario de Obras, yo iba navegando por el Atlántico...

Sobre el autor

Juan Bautista Duizeide nació en Mar del Plata en 1964, vive en una isla de Tigre. Como piloto de la marina mercante navegó en buques de ultramar por el Atlántico, el Pacífico, el Mar del Norte y el Báltico. Posteriormente se dedicó al periodismo cultural. Publicó notas sobre literatura y música en las revistas Siwa, Carapachay, El río sin orillas, Sudestada y Humo. Colaboró asimismo con notas, crónicas y cuentos en los diarios Página/12, Clarín y La Nación. Fue editor de Puentes, revista especializada en historia reciente y derechos humanos. Obras publicadas: Kanaka, Lejos del mar, La canción del naufragio (novelas); Contra la corriente (cuentos); Alrededor de Haroldo Conti y Spinetta, el lector kamikaze (ensayos). Realizó la antología Cuentos de navegantes, para la cual tradujo cuentos de Robert Louis Stevenson, Guy de Maupassant, Stephen Crane y Anatole France. Colaboró con Ana Cacopardo en el volumen de entrevistas Historias Debidas. En la actualidad explora los mundos del haiku.